MIRADAS INDISCRETAS- II

El juego

“La fantasía de un hombre es la mejor arma que tiene una mujer contra él”.

 

Tras conocer a mi jefe-barra-vecino, y asistir a su breve pero abrumadora presentación en la sala de juntas, tuve que volver al trabajo como si nada.

Me pasé parte de la jornada pensando que podría llamarme a su despacho o que me lo encontraría cara a cara sin previo aviso en mitad del pasillo, y me diría algo al respecto sobre lo que vi. Pero eso no sucedió, ni ese día, ni los que le sucedieron.

A escondidas amparándome en la oscuridad de la noche he estado observando desde la ventana de mi apartamento el edificio donde reside. No obstante, como sucedió las semanas anteriores a mi descubrimiento, no ha habido ningún signo de él entre semana.

Estamos a viernes, y quedan menos de media hora para que finalice mi turno de trabajo. Creo que es posible que no me haya reconocido, que no se diera cuenta de que era yo.

Un mail interno, de carácter urgente, entra en la bandeja del correo recibido. Lo abro, y sin remediarlo escupo parte del agua que estaba bebiendo en ese instante contra la pantalla del ordenador. Lo limpio con rapidez usando uno de los clínex que tengo a mano, mientras alzo la vista por encima de la pared que me separa de mis compañeros y compruebo que nadie se ha dado cuenta.

Mi jefe, él, me pide que acuda a su despacho y le lleve los informes de las ventas de los últimos seis meses. No debería ser algo tan extraño, acaba de incorporarse y querrá saber toda la información posible de los clientes a los que atendemos.

Con manos temblorosas busco el archivo que solicita y le doy a imprimir. Me levanto de mi asiento y me dirijo a la fotocopiadora. Trago saliva con fuerza, las hojas parecen salir más lentas de lo habitual. Una vez las tengo entre las manos, las guardo en una carpeta y me giro con la intención de llevárselas.

―¿Vas a llevarle los informes? ―me pregunta Angie, interponiéndose en mi camino. Asiento con la cabeza dándole la razón y ella se inclina un poco a modo de confidencia para decirme algo por lo bajo―: Puede que este como un tren, pero Karla y yo creemos que es gay.

―¡¿Pero qué dices!? ―mi voz sale más chillona de lo que pretendía, y ella agranda los ojos. Me arrastra hasta la sala que tenemos para tomar el café agarrándome del brazo para que nadie nos escuche.

Angie y Karla, son las chismosas de la empresa. No son mala gente, pero en cuanto te descuidas están comentando supuestas especulaciones de cualquiera de nosotros. Sí, me incluyo. Sé de sobra que cuando falleció Daniel fui la comidilla de la oficina y que hasta llegaron a apostar cuanto duraría en volver a tener otra pareja.

En cierta manera me recuerdan a las chicas de mi instituto que precisaban siempre tener en la boca alguna anécdota de alguien, aunque no fueran ellas, para ser el centro de atención.

―Escúchame. No lo digo por decir ―asegura ella―. ¿Te acuerdas del modelito que traje ayer? ―Cómo para no recordarlo, llega a venir en bikini a la oficina y no habría mucha diferencia. Asiento―. Bien, pues cuando entre y le deje los informes sobre la mesa ni me miró. Ese es gay. Lo que yo te diga.

Me tengo que morder la lengua para no reírme. Si Angie supiera lo que sé, lo que vi. No pensaría de igual modo.

―Y qué más da ―le digo quitándole importancia, teniendo en cuenta de que si fuera de esa manera tampoco la tendría―. Mira, sabes que no me gustan los chismes. Tengo que ir a llevarle esto antes de que piense mal y crea que soy una holgazana.

Dejo a tras a mi compañera, y sin poder demorarlo más avanzo hasta la puerta del despacho. La placa de la puerta en la que está escrito su nombre logra ponerme más nerviosa de lo que estoy. Hunter Jones.

¡Es que su nombre es exótico y todo!

Niego con la cabeza antes de llamar, tengo que alejar como sea de mi mente las imágenes de su desnudez y del movimiento de su pelvis chocando, una y otra vez con furia contra la entrada esas mujeres. Uy, esto no ayuda.

―Pase ―me indica con voz grave.

―Buenas tardes, le traigo los informes ―no me atrevo a levantar la mirada.

Camino hasta su escritorio y los dejo sobre en el primer hueco que encuentro libre. Doy un salto sobre los pies cuando su mano roza la mía al tomar la carpeta.

―¿Le puedo hacer una pregunta? ―me demanda justo cuando empezaba a darme la vuelta para irme de nuevo a mi puesto.

Temo saber lo que quiere preguntarme, cierro los párpados con fuerza antes de enfrentarle, y levanto el mentón insuflándome ánimos.

―Por supuesto, dígame. ―Toda la valentía que pretendía demostrar, se me fue por el desagüe en el instante en el que nuestras miradas se cruzan.

Con una tranquilidad abrumadora se levanta de la silla, rodea el escritorio y se apoya sobre la esquina del mismo mientras abre la carpeta que lleva en sus manos. Viste un traje de Armani gris claro, y unos gemelos que destacan bastante de color malva. Curiosea pasando las hojas, mientras ruego internamente para que me diga de una vez qué quiere.

―Tengo entendido señorita Jenkins, que solicitó el puesto de CEO a la central antes de que me lo asignaran. ―Susurro un sí―. También, que es una de las empleadas más ambiciosas que está en plantilla ―deja sobre la mesa el informe que le di y extiende la mano para agarrar otra carpeta distinta que está encima de la mesa. La abre y sin casi ojear las páginas comienza a decir en alto―; Licenciada en la UCL siendo la tercera de su año, realizó sus prácticas aquí e inmediatamente se incorporó a la plantilla logrando conseguir varios de los contratos más importantes de la empresa. ¿Es por eso que creyó que merecía el puesto?

Las ganas de responderle un sí, se me atraganta a mitad de camino, es mi jefe y quizá mi curriculum no sea lo suficientemente llamativo como lo es el suyo. Así que decido replantear mi respuesta.

―Solicite el puesto porque había una vacante que estaba a disposición de cualquier empleado. Y sé que soy buena en lo que hago ―aseguro con rotundidad.

―Señorita Jenkins, no me malinterprete solo quiero saber si ha asumido que soy su jefe. ―No sé por qué no le creo del todo,

―Por supuesto, señor Jones.

―Bien ―comenta irguiéndose para dirigirse detrás de su escritorio y sentarse de nuevo en la silla.

―¿Algo más, o puedo volver a mi puesto? ―Realizo un pequeño gesto de fastidio apretando los labios, al darme cuenta de que me he puesto a la defensiva.

No debería de afectarme tanto, es lógico que quiera comprobar si voy a ser un activo para la empresa o de lo contrario estoy descontenta por no haber sido escogida para el puesto que ahora él ostenta.

―Tan sólo una pequeña observación que puede compartir con sus compañeras si lo desea ―apoya los codos sobre la mesa y entrelaza los dedos las manos sin dejar de mirarme a los ojos―, en ocasiones, es más llamativo vestir una camisa blanca que un gran escote ―entreabro la boca sin saber qué decirle―. Puede decirle a la señorita Tuner de mi parte que las habladurías no me gustan. ¿Es usted una jugadora de equipo señorita Jenkins?

Frunzo el ceño durante un instante. Y asiento acto seguido, tengo la garganta seca, no creo que logre decir nada coherente si me pide que verbalice algo en alto.

―Eso me gusta. Yo soy un jugador fiero al que no le gusta perder, aunque disfruto de una partida cuando esta aparece ―¿Se está refiriendo al trabajo o quizá…?― Puede retirarse, estoy seguro de que tendrá ganas de llegar a casa.

 

Durante el trayecto a Epson no dejé de recordar la conversación que tuve con él. Es cierto que llevaba una camisa blanca por debajo de la chaqueta ejecutiva, pero me dio la sensación de que me lo dijo con otra intención. Aunque, ha de ser alucinaciones mías. En cuanto salí de su despacho, me apresuré hasta el puesto de Angie y le insinué que dejara de hablar del señor Jones a sus espaldas, ya que había llegado a sus oídos los cotilleos que estaba formando. De repente, su rostro se convirtió en todo un poema. Me hizo hasta gracia ver lo nerviosa que se puso.

Esa noche tardé en conciliar el sueño, no pude evitar recordar la imagen de él en su apartamento, con esas mujeres, y esa mirada intensa cuando me descubrió. Pero debe ser que no me reconoció, al menos no dijo nada en la charla que tuvimos.

Pasé la tarde del sábado en compañía de mi sobrino Sam, le prometí que iríamos a ver una película al cine, la que a él más le gustase. No dejo de correr por todo el centro comercial y se llenó a comer palomitas.

Ha sido un día agotador, me encuentro a punto de irme a la cama, me he dado un baño relajante, y me he vuelto a poner una de las camisas de Daniel. No he podido remediar ponerme algo melancólica ante su recuerdo, me he sentado en el sofá y he ojeado el álbum de fotos que supuestamente íbamos a completar juntos. Tengo que dejar de hacer esto, debería guardar todos sus objetos personales en una caja y seguir con mi vida. Sin embargo, siento que si hago tal cosa le estaré fallando. Aún no estoy preparada.

Me levanto con la intención de apagar la luz de la lámpara e irme a dormir, ha sido una semana agotadora y mañana podré holgazanear todo lo que quiera al ser domingo.

El sonido de un mensaje de WhastApp me distrae. ¿Quién me enviará tan tarde un mensaje? Debe ser más de la una de la madrugada, y dudo que sea mi cuñada.

Número desconocido: ¿Te apetece jugar?

Tengo que releer varias veces para darme cuenta de lo que dice. No puede ser. Ladeo la cabeza dirección a la ventana, la cortina está echada, tendría que ir y abrirla para asegurarme de que es él.

¿Qué hago? ¿Le contesto? ¿Y jugar a qué, a qué se refiere?

Esto es muy extraño, avanzo un par de pasos hasta el ventanal, me doy la vuelta antes de tocar la tela. Esto no puede estar pasándome. Estás cosas no pasan en la vida real.

Con el corazón a mil por hora, y temerosa por saber qué me encontraré al observar el el loft de mi vecino, inhalo con fuerza y me giro decidida. La curiosidad me puede. Aparto un poco la cortina y cotilleo por una de las esquinas esperando no ser descubierta.

¡Hay luz! Sin embargo no puedo verlo, ni en la cocina, ni en el salón. Chasqueo la lengua con fastidio, me alejo y me desplazo hasta la otra ventana. Desde allí lo veo tumbado en la cama, prácticamente desnudo a no ser por un bóxer negro. Entre sus manos el teléfono móvil, sonríe de medio lado y me llega otro mensaje que leo al instante.

Número desconocido: El juego acaba de comenzar.

¡¿A qué se refiere?! No pienso acostarme con mi jefe por muy bueno que esté. Una cosa es haberle visto en una situación comprometedora sin planearlo y otra muy distinta convertirme en qué, ¿su amante? ¿Su puta?

¡No, no, no, no! Eso sí que no. Las fantasías deben quedar en eso, en sueños que jamás se deben realizar. Y aunque he soñado con él en más de una ocasión en los últimos días no…

Abro la boca y se me atasca la respiración cuando se levanta en toda su plenitud de la cama. Deja el móvil en la mesa que tiene en el salón y abre la puerta de la calle. ¡No puedo creerlo! Otra mujer, en esta ocasión morena, y no tan esquelética como las anteriores, entra sin apenas mirarle a la cara. Se retira el abrigo tres cuartos que lleva puesto, y muestra su lencería negra como si nada.

Hunter le agarra con el puño de la mano del cabello tirando hacía atrás de él. Besa su cuello mientras ella cierra los ojos y suspira de placer.

¡Oh, Dios mío! No soy capaz de apartar la mirada de ambos. ¿En qué me he convertido?

Mete la mano dentro de la copa del sujetador, para así volcar el pecho de la mujer. Acto seguido se lo lleva a la boca y se deleita con, primero uno y luego el otro. Cierro un instante los ojos intentando controlar la respiración, aprieto las piernas ante la necesidad imperiosa que grita mi interior para que le de lo que pide con desesperación.

Cuando los abro, la escena ha cambiado por completo. La mujer tiene ambas palmas de las manos colocadas en el cristal del ventanal, y encorva la espalda mostrándole el trasero a Hunter que se lo toca recreándose en él. Posa su mano en el centro de su espalda y la insta a que se incline más, de esta manera tengo una mejor visión de él. Coloca la mano cubriendo por completo su vagina desde atrás, y la retira despacio…

¡Dios, esto es superior a mí!

Sujeta su cadera, alza la mirada encontrando la mía a la primera. Sin darme cuenta he abierto la cortina del todo y no hay nada que le impida verme. De un solo impulso entra en su interior, jadeo al mismo tiempo que ella. El pecho me sube y baja con rapidez, el calor que siento en todo mi cuerpo es imposible de apaciguar, siento unas ganas enormes de tocarme, de apretar mis pezones, retorcerlos y bajar sin descanso hasta el centro de todo mi deseo para acallar este dolor que tengo.

Penetra una y otra vez sin descanso, cada vez con más fuerza. Sus ojos no están atentos a lo que sucede entre esas paredes, me observan. Asiente con lentitud como si me diera permiso para hacer lo que mi mente pide a gritos.

Y me dejo llevar…

Sin perder detalle alguno de sus movimientos de pelvis, mi mano comienza a desabrochar un par de botones de la camisa que llevo puesta. No la abro del todo, mis senos quedan parcialmente tapados por ella. Con las yemas de los dedos desciendo extasiada por la sensación que provocan mis uñas sobre mi dermis. Jamás he llegado a notar una sensación igual.

Introduzco mis dedos en la braguita, y me niego a cerrar los ojos al comenzar a jugar con mi clítoris. Hunter, me obsequia con una sonrisa de medio lado y aumenta la velocidad martilleando el interior de la mujer que abre la boca por completo y tiene que separar más las rodillas ante su ímpetu.

Mis músculos internos comienzan a emitir espasmos, estoy cerca, muy cerca… Froto, gimo, y decido colocar la planta del pie en el marco de la ventana para poner introducir sin esfuerzo dos dedos en mi interior. Hunter me marca el ritmo, dentro, fuera, dentro fuera. Una y otra vez…

Hasta que estallo por completo, tengo que sujetar la cortina y apretar el puño con fuerza para no derrumbarme por completo.

Me tiemblan las piernas, el latido de mi corazón es totalmente errático. Abro los ojos sin apenas haber sido consciente de haberlos cerrado y me encuentro con que tiene las luces apagadas.

¿Dónde se ha ido?

Emito un sonido de asombro cuando me doy cuenta de lo que acabo de hacer. Me alejo sin voltearme dando pasos hacia atrás y me sobresalto al escuchar un nuevo mensaje de entrada.

Número desconocido: Me encanta saber que eres una gran jugadora. Hasta la próxima.

¡¿Qué quiere decir?! ¡¿Cómo que hasta la próxima?!

No puedo permitir que esto se repita, tendré que enfrentarlo el lunes en la oficina.

 

 

©Antiliados

Todos los derechos reservados. Licencia Safe Creative.

Si has disfrutado con el relato de Tarah y Hunter, te gustará conocer de primera mano mis otras obras. “En busca de Adam, “El despertar de Alex” y La obsesión de Max”. Te invito a que conozcas sus historias y te dejes llevar por la pasión y el amor.

17 comentarios sobre “MIRADAS INDISCRETAS- II

  1. Me gustan las historias que atrapan y dejan con ganas de más… Estoy encantada de haberte encontrado en mi camino y de que formes parte importante de una meta que quiero alcanzar. Voy lista a leer la tercera parte del relato

  2. Eres una gran escritora me he leído tus tres novelas en wattpad
    Me encanto el relato de Hunter y Thara escribes increíble estaré esperando por otro relato

  3. JODEME MADRE MIA <3 ANTI ERES LA MEJOR ENCERIO QUE LO ERES GRACIAS POR TAN BUENOS RELATOS <3 GRACIAS POR UNA DOSIS DE ADRENALINA ES REVITALIZANTE HAHA YA ANSIO QUE VUELVAN PRONTO

  4. Oh Dios! Ese Hunter! Sera el primero en mi lista de “Favoritos de relatos eróticos” . No tardes en volver a escribir Anti! Este relato fue increíble

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