MIRADAS INDISCRETAS IV

HAMBRE

Han pasado varios días, y sigo sin tener noticias de Hunter. Sí, lo he visto de reojo en alguna ocasión mientras se dirigía a su despacho. Pero no me ha vuelto a enviar ningún mensaje por WhatsApp.

Si no fuera porque llegué a sentir su aliento en mi nuca, y sus dedos en mi clítoris, hubiese pensado que todo ha sido cosa de mi imaginación. No obstante, me quedé con ganas de que su mirada y la mía se cruzasen, de la misma manera en la que sucedió cuando miraba por la ventana el día que lo pillé en pleno acto sexual con esa mujer.

Soy consciente de que lo único que me atrae de él es algo únicamente físico y carnal. No pienso excusar mis deseos, ni tampoco lamentar lo que sucedió. Es más, cada noche mantengo sueños de índole sexual y me despierto sudorosa y frustrada a partes iguales.

¿Por qué no se acostó conmigo, y aprovechó? Quizá no soy su tipo…

Al mismo tiempo me contradigo debido al recuerdo de Daniel, y sintiéndome mal conmigo misma. Consiguiendo que toda la seguridad que muestro se esfume al instante. Tengo la paranoia de que me observa, de que me está juzgando y me llama adultera. Que mancho su recuerdo…

Puede que mi cuñada, Julie, tenga razón y deba acudir a un psicólogo para afrontar la perdida. No lo sé. Lo único que sé es que Hunter es mi jefe, y que ha logrado que mi corazón lata con fuerza expectante ante la incertidumbre de lo que pueda pasar. Ya no soy una mera espectadora de mi propia existencia. Gracias a él, vivo el presente sin el peso del pasado y lo que eso conlleva.

No espero amor, ni pretendo obtener cariño y cuidados. Tampoco que me baje la luna y las estrellas, ni que se arrodille prometiéndome fidelidad infinita.

Tan solo quiero volver a reencontrarme con la mujer que era antes de que Daniel me dejara sola…

 

Subo en el ascensor rodeada de compañeros de trabajo como lleva sucediendo desde hace años mientras me auto analizo. Mantengo la mirada perdida en la pequeña pantalla que marca los pisos que quedan hasta nuestro destino. Un par de ejecutivos debaten a mi lado sobre la viabilidad de un cliente, y se escuchan emocionados ante tal logro. Sin embargo, mis dedos no dejan de retorcer el bajo de la chaqueta.

Cuento mentalmente los segundos para que las puertas se abran y pueda respirar. Estaremos cerca de veinte personas confinadas en esta caja metálica, y me falta oxígeno.

Justo antes de que el sonido del ascensor advierta al resto de que hemos llegado, me adelanto dando un paso al frente para ser una de las primeras en abandonarlo. Y así lo hago.

No obstante, me golpeo contra el cuerpo de alguien. Levanto la mirada y para mi asombro es Hunter. Me ha sujetado de los hombros con las manos, quizá para que no me cayera de bruces contra el suelo. Tengo que tragar saliva con fuerza antes de articular alguna palabra.

―Disculpe señor Jones, no le he visto ―le indico nerviosa.

Su mirada evalúa cada gesto de mi rostro sin perder en ningún momento la compostura. Se aleja dando un paso atrás, y mete sus manos en los bolsillos del pantalón. Consiguiendo que mi mirada se dirija a esa parte de su anatomía.

―Debería ir con más cuidado ―me comenta antes de girarse para entrar en el ascensor.

No esperaba cruzar ninguna palabra con él, y por ese motivo he tardado más de lo normal en contestarle.

―Lo tendré ―le comento alzando la voz más de lo necesario al ver que las puertas se cierran.

Parece mentira que hace tan solo una semana y media me indignase su comportamiento. Ahora, cada cierto tiempo reviso el móvil pendiente de que entre un mensaje.

Pero Hunter fue claro, él dicta las normas, él va a ser el que decida cuándo y cómo. Y si estoy dispuesta a seguir, debo estar conforme con eso.

Me paso la mañana delante del ordenador realizando informes, que según el mail que me envió Hunter precisa para el medio día de hoy. Cinco minutos antes del almuerzo termino la tarea, y se lo mando a su correo electrónico.

Estiro los brazos y noto la tensión en los hombros debido a las horas de trabajo. Me levanto apartando la silla para atrás y agarro el bolso para salir a tomar algo ligero antes de continuar con el día. Tenemos una hora de descanso y me vendrá bien ese rato para desconectar.

La gran mayoría de los compañeros ya se han marchado, Angie y Karla hacen un gesto con la mano en mi dirección para que vaya con ellas y les digo que me esperen. Pero de repente recibo una llamada que proviene del despacho de Hunter.

―Vaya mierda ―dice Angie poniendo los ojos en blanco―. Nos vamos a comer, si te da tiempo nos vemos donde siempre ―se despide alejándose por el pasillo.

Mientras me acerco a su despacho repaso los informes mentalmente, estoy segura de que los envié todos, tal y como los ha solicitado. En ningún momento se me pasa por la mente que la llamada sea debido al juego que Hunter se trae entre manos, más teniendo en cuenta que estamos en la empresa y es arriesgado.

Llamo con los nudillos en la puerta y espero a que me indique que puedo pasar. En cuanto giro el pomo, me lo encuentro sentado detrás de su escritorio. Cierro a mi paso, y me acerco hasta la silla que hay enfrente de la mesa. Su mirada me acompaña durante todo el trayecto. En cuanto me acomodo posando la espalda en el respaldo de la silla de cuero, me percato que he contenido el aliento por culpa de los nervios.

Hunter entrecierra por un instante el ceño, se inclina un poco y posa los codos sobre el escritorio. Comienza a realizar preguntas sobre los informes, muestra interés por conocer los pormenores de los mismos. Con una pizca de desánimo le respondo en la medida que puedo. En el fondo me había imaginado que quizás iba a retomar lo que sucedió en su loft el otro día.

Me muestra en la pantalla del ordenador una serie de dudas, y me paso la hora de descanso solventándoselas.

―Gracias, puede volver a su puesto —me despide levantándose de su asiento.

―No hay de qué, señor —la manera que sale de entre mis labios la palabra «señor» es muy similar a cuando estuve a oscuras en su casa.

Por cómo me está mirando en este instante creo que se ha dado cuenta de lo que estoy pensando.  Sin embargo, no dice nada al respecto. Me doy la vuelta para irme, y escucho las pisadas que da para acompañarme a la salida. De repente mi estómago ruge y me entra la vergüenza. Estoy segura de que lo ha escuchado.

Coloco la palma de la mano en el pomo de la puerta, las ansias por alejarme de aquí se han incrementado. Puedo escuchar el murmullo de mis compañeros a través de la puerta, están volviendo a sus puestos de trabajo.

Acto seguido me tenso al sentir una de sus manos rodeando mi cintura. La otra recorre mi antebrazo hasta llegar a mi mano y alejarla del pomo.

—¿Tienes hambre? —me pregunta en un susurro al oído.

Mi cuerpo reacciona sin permiso, los pezones se me han puesto duros y el calor de mi interior aumenta. Roza mis nalgas con su pelvis, y su erección es indiscutible. Me vuelve a preguntar una vez más si tengo hambre, y mascullo un «sí» que es el detonante para girarme en un movimiento rápido y quedar cara a cara.

―Arrodíllate —me ordena.

No soy capaz de reaccionar, solo pienso en que a poca distancia tengo a mis compañeros de trabajo, que pueden escuchar algo, o que alguien puede entrar de repente.

—Tarah —menciona mi nombre por primera vez y alzo la vista. Su mirada transmite tanta seguridad y autoridad. No hay nada que me impida irme, que me vaya y que de por finiquitado este juego. Pero no quiero hacerlo.

Hunter esboza una tenue sonrisa, alza la mano y comienza a desabrocharme los primeros botones de la camisa que llevo puesta. Mi pecho sube y baja con rapidez, tengo la boca seca y cada vez es mayor la excitación que siento.

Por encima del encaje del sujetador acaricia con la yema del dedo índice el pezón, tengo que apretar los dientes para no soltar un jadeo. Continúa dibujando la redondez de mi pecho con su cálida mano por encima de la tela, hasta que cree que es suficiente tortura.

Tengo medio pecho al aire, coloca las palmas de las manos en mis hombros y me insta a arrodillarme ante él. Sin más preliminares, Hunter se baja la cremallera de su pantalón y sujetando el largo de su miembro me lo pone a la altura de la boca.

Levanto la mirada, ahora sí que puedo asegurar que no es cosa de mi imaginación. Al fin puedo contemplar sus ojos y disfrutar de su rostro lleno de tensión cuando saco la lengua y lamo la base de su pene, marcando el camino de una vena hinchada, hasta llegar a la punta.

No me considero una experta, pero tampoco es la primera vez que realizo una felación. Utilizando los labios como protección para que los dientes no le causen molestia, abro la boca lo introduzco, pero solo un poco.

Muevo con decadencia la cabeza, dentro, fuera, dentro, fuera… Sin prisas, sin estar pendiente del reloj, y olvidándome por completo de lo que me rodea. Solo estamos los dos.

Me sujeta la cabeza con las manos y me solicita aumentar el ritmo de la fricción. Está muy cerca, lo percibo en su respiración errática, y en sus músculos tensionados. Uso mis labios, mi lengua, y hasta mis dientes en un masaje sensual queriendo precipitar su clímax. Pero debe ser que se da cuenta de mis intenciones y se aparta con rapidez.

Me ayuda a levantarme del suelo, y agradezco el gesto que tiene, dado que mis piernas tiemblan…

Sonríe ante el pequeño gemido de decepción que suelto, y comienza a levantar mi falda sin apartar la mirada de la mia.

Retrocedo un paso, no estoy segura de seguir, el sonido de las voces de afuera me han dado una bofetada devolviéndome a la realidad. Lo ha notado, sé que lo ha hecho, pero en vez de parar se coloca un preservativo con tranquilidad. Niego con la cabeza, no podemos…

Voy a negarme en alto cuando mi espalda choca con la pared, Hunter aprovecha y recorre la distancia que nos separa. Recorre con sus manos mis muslos y sujeta mi trasero para que rodee su cintura con mis piernas. Lo hago.

Se hunde, me penetra de forma lenta y profunda en mi interior. Tapa mi boca con la suya, antes de que el gemido que suelto sin permiso se oiga en alto.

Cierra los ojos, y sus manos se aferran a mis caderas hasta el punto de clavarme los dedos. Sus labios me besan con furia cuando comienza a mover la pelvis, una y otra vez. Aprieto los dientes luchando por mantener el control…

Puedo sentir como vibra en mi interior, y mis músculos se contraen.

—Quiero que cuando salgas, con cada paso que des, recuerdes este momento —dice entre jadeos contenidos, mientras roza mis labios con los suyos.

Una de sus manos vuela a mis pezones, que aprieta y frota con violencia. Cierro los ojos y murmuro algo, ni yo sé lo que digo. Llevo demasiado tiempo sin sentirme así.

—Abre los ojos Tarah —escucho su voz grave.

Obedezco. Su mirada llena de arrogancia se torna distinta, esta ha cambiado. Con la boca entreabierta deja escapar el aire en ráfagas cada vez más rápidas consiguiendo que me excite, y casi llevándome a un precipicio.

Y así sucede, un abismo se presenta ante mi. Por un momento no existe el tiempo ni espacio, el placer me invade, y  sé que él también se ha liberado. Quiero gritar en alto, dejarme llevar por la sensación de libertad. Pero Hunter me besa de nuevo impidiendo que dé ese alarido que tantas ganas tengo de realizar.

Las contracciones rítmicas de mi interior se van calmando poco a poco, Hunter mece su cadera una vez más provocando un último latigazo que recorre mi cuerpo.

En la calma más absoluta se retira de mi interior, y rodea mi cintura con sus brazos hasta que ve que soy capaz de sostenerme sobre mis propios pies. Después de haberme colocado la ropa, me ofrece un vaso de agua que acepto.

Tras dar un sorbo, mantengo la mirada en el suelo, no sé cómo debo comportarme. Hunter me alza la cabeza colocando el dedo pulgar en mi mentón.

―¿Estás bien? —Su pregunta me resulta algo extraña, pero asiento—. Perfecto. Le llamaré si se presentan algunas dudas más con los informes —ha vuelto a su rol de jefe cabrón, así que decido erguir la espalda, y no dejarme intimidar.

Me giro confiada hacia la salida y abro la puerta, las miradas de mis compañeros en las primeras mesas me hacen dudar por u instante en si nos han podido escuchar. Pero retoman de inmediato sus tareas y esa idea se desvanece.

Como ya me advirtió Hunter, cada paso que doy hasta llegar a mi escritorio es un recordatorio continuo de lo que acaba de suceder. Aunque tengo que reconocer que ha sabido saciar mi hambre con verdadera maestría.

¿Cuál será el siguiente paso que dará? ¿Me dejaré llevar?

 

©Antiliados

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Si has disfrutado con el relato de Tarah y Hunter, te gustará conocer de primera mano mis otras obras. “En busca de Adam, “El despertar de Alex” y La obsesión de Max”. Te invito a que conozcas sus historias y te dejes llevar por la pasión y el amor.

17 comentarios sobre “MIRADAS INDISCRETAS IV

  1. Madre Mía Anti me tienes enganchada por todas partes….que cabronazo el Hunter pero…..a las mujeres nos va la marcha y nos vuelven lokas los malotes

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