Susurros dañinos

Confianza

Todo suele comenzar en la adolescencia. En ocasiones, incluso antes de esa edad tan complicada que todos, hemos pasado.

 

Comentarios que pueden afectarnos en mayor o menor medida, en nuestra autoestima. Desde este instante quiero dejar claro dos puntos importantes que debéis tener en cuenta:

  1. No soy psicóloga.
  2. Hablo desde mi propia experiencia al respecto.

 

Soy madre, he vivido situaciones a lo largo de los años que me hace replantearme muchas cosas. Algunas de vosotras también lo sois, o si no es el caso puede que tengáis un sobrino, primo, hermano o conocido. A medida que avancéis con este artículo puede que os cuestionéis cómo actuamos en el día a día ante lo que os voy a contar.

 

  • Escuché como me llamaban fea.
  • Me dijeron que debía perder peso.
  • O que estaba tan delgada, que tenía que comer más.
  • Con el tiempo, a medida que crecía, me dijeron que debía maquillarme para gustar a los chicos.
  • También, me llegaron a decir, que no abusara del maquillaje.
  • Que los hombres las prefieren rubias, aunque del mismo modo a las morenas… Cuando no era el color del cabello, era la altura, el pecho, o simplemente el color de ojos… Cualquier cosa que yo no tuviera.
  • Desde niños nos enseñan que debemos tener pudor, que tenemos que avergonzarnos.
  • Que las marcas de nuestra piel; como las estrías, el acné, las cicatrices son para taparlas. Que nadie nos querrá, porque no entramos en el canon de belleza de la perfección.

 

Puede que alguno de estos puntos os suene. Yo misma he experimentado unos cuantos, y no me da miedo alzar la voz para contarlo.

Todos tenemos una imagen mental de quiénes somos, qué aspecto tenemos, en qué somos buenos y cuáles son nuestros puntos débiles. Nos formamos esa imagen a lo largo del tiempo, empezando en nuestra infancia. El término autoimagen se utiliza para referirse a la imagen mental que una persona tiene de sí misma. Gran parte de nuestra autoimagen se basa en nuestras interacciones con otras personas y nuestras experiencias vitales.

 

Autoestima: La autoestima es el conjunto de creencias, percepciones, evaluaciones y pensamientos que tenemos acerca de nosotros mismos, la valoración que realizamos basándonos en nuestras experiencias. Ésta crece en el instante que comenzamos a aceptarnos tal como somos. Y encontramos nuestra propia voz, sin querer ser otra persona.

 

La Pirámide de Maslow, o jerarquía de las necesidades humanas, es una teoría de la Psicología, integrada a la Economía y propuesta por Abraham Maslow en su obra: “Una teoría sobre la motivación humana”, en 1943.

Según el autor, todos aspiramos a satisfacer necesidades superiores, pero la mayoría no consiguen satisfacer las básicas. Asimismo, las necesidades humanas, conforme son satisfechas, generan otras más elevadas y estas van ocupando la parte superior de la pirámide; mientras que las inferiores o deseos más bajos, ocupan la parte inferior.

Este modelo también propone que solo se atienden las necesidades superiores cuando se han satisfecho las necesidades inferiores.

 

Como ya he comentado antes no soy psicóloga, ni aspiro a serlo, pero al buscar información sobre este tema para documentarme un poco más me encontré esto. Y da que pensar al ver la pirámide. Meditadlo.

Por cierto, ¿os habéis fijado cuanta importancia se le da al sexo en esta imagen…? (ahí lo dejo).

Realidad

 

Qué bonito sería poder cambiar el chip en cualquier momento ante una situación así. La realidad es que para llegar a conocerse, primero hay que vivir, adquirir experiencias, caerse y darse tantas veces de bruces contra el suelo…

Pero lo que realmente creo que marca la diferencia es la actitud.

 

Seguir adelante, levantarse cuando uno caiga o saltar aquellos obstáculos que nos impiden llegar a nuestros objetivos. Ese carácter luchador que por naturaleza tiene cada ser humano en su interior, pero que cada uno debe encontrar por sí mismo.

 

Os contaré una anécdota:

Cuando mi hija empezó a aprender a caminar ―recuerdo con una sonrisa boba en la cara―, se le animó a levantarse y seguir intentándolo una y otra vez hasta que lo lograse. Yendo un día por la calle mientras paseábamos, ella segura de que ya era capaz de soltarse de la mano y correr, lo hizo.

Lo que sucedió es que se cayó.
Podéis imaginar lo que supone esa primera caída seria que sufre un hijo cuando se es madre primeriza. Casi se me sale el corazón por la boca. El instinto de protección grita que vayas corriendo junto al niño y compruebes lo antes posible si se ha hecho daño.

No dejaba de llorar a lágrima viva, sentada en el asfalto y levantando los brazos para que la abrazara. En ese instante, sabía que marcaría un patrón para el día de mañana en su conducta, con mis actos.

Me acerque con paso calmado, mientras por dentro temblaba como una hoja, y las pulsaciones me iban a mil por hora. Me acuclille, y me negué a levantarla en brazos por mucho que una voz chillona e irritante en mi interior gritaba a pleno pulmón que la debía de consolar.

Intentando aparentar tranquilidad. ―¡Que farsa por Dios!― Le pregunte dónde se había hecho daño, me señalo la rodilla y ambas la miramos, la tenía roja pero no tenía nada más, ni sangre, ni tampoco se estaba hinchando. Le limpie las lágrimas que corrían por sus mejillas mientras me forcé a mostrar una sonrisa, y le dije que ya había pasado. Le animé a que se levantará y le tendí la mano para que lo hiciera.

 

 

Puede que haya gente que me diga que fui una fría insensible, creedme si no lo pensáis puedo asegurar que yo llegue a escucharlo.

 

 

 

 

Sin embargo, las próximas caídas que mi hija sufrió y su actitud ante mi pregunta de si estaba bien fue la siguiente: «Mamá, no pasa nada, no me hice daño».

No digo que todos los niños sean iguales, ni que todos vayan a actuar de la misma manera. Tampoco pretendo dar clases de educación, ni me considero perfecta. Es más, creo que mis imperfecciones me hacen única. Igual que las vuestras a vosotros.

Ser madre no me define como persona, es una de las tantas cosas que soy; madre, hija, esposa, hermana, amiga, escritora, soñadora. Pero ante todo mujer. Lo que nos define son nuestros actos y actitudes ante la vida. Sean estos buenos o malos, acertados o erróneos.

A lo que voy es que debemos querernos tal como somos; altos o bajos, morenos o rubios, delgados o con unos kilos de más…

Dejemos de escuchar esos susurros dañinos que nos atormentan y difuminan nuestra identidad. Somos únicos con nuestras manías e imperfecciones. No pretendamos ser otro.

 

Podéis dejar vuestras opiniones en los comentarios.

©Antiliados

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